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Pazos de Lusco y Bodegas Tío Pepe unen vino e historia

Desde la segunda mitad del siglo XVI, Baiona fue un lugar de concurrencia de vinos jerezanos y gallegos, según atestiguan las cartas de fletamento del puerto. Cinco siglos más tarde, Pazos de Lusco y Bodegas Tío Pepe han rememorado este hecho histórico con una cata que ha unido Galicia y Andalucía junto a la réplica de la Carabela Pinta, amarrada en el puerto de Baiona. Dos tierras que han visto, desde hace cientos de años, cómo sus vinos han recorrido los mares dejando huella en todo el mundo.

Sergio Alén y Antonio Flores, enólogos de Adega Pazos de Lusco y Bodegas Tío Pepe, respectivamente, han mostrado la esencia del terroir de dos de las zonas vitivinícolas más representativas de estas regiones: Rías Baixas y Jerez.

El enólogo gallego ha iniciado el recorrido con los Albariños de la D.O. Rías Baixas de Pazos de Lusco, que siguen técnicas deelaboración artesanales y emplean levaduras autóctonas en su fermentación. La primera parada ha sido en Lusco 2017 “en Rama”, un Albariño en estado puro que refleja todo el potencial de esta variedad. A continuación, ha guiado a los asistentes por Lusco 2017, un vino blanco singular con 5 meses de crianza sobre sus lías finas, que destaca por su color amarillo pajizo, notas florales y vivacidad en boca. El círculo lo ha cerrado Pazo Piñeiro 2016, el icono que reposa sobre sus lías finas durante 5 meses en depósito y, posteriormente, 9 en barricas de roble francés. El resultado de esta cuidada elaboración es un vino pálido y brillante, con ricos aromas varietales, gran persistencia y amplitud en boca.

Concluido el viaje por el terroir de las Rías Baixas, ha tomado el relevo Antonio Flores, la nariz de Bodegas Tío Pepe. Con pasión y poesía, el enólogo ha trasladado el espíritu de Jerez a Baiona con Tío Pepe en Rama 2018, una maravilla enológica de elaboración muy limitada, que simboliza la máxima expresión de la crianza biológica. El maestro jerezano ha continuado con Viña AB, un Amontillado complejo, elegante y versátil, que envejece durante 12 años en botas de roble americano. El broche a esta cata lo ha puesto Néctar PX, un vino de postre de intenso color ébano, con aromas a pasas, higos y dátiles, muy largo y sabroso en boca.